Día de Europa: la instrumentalización de la paz

El origen del proyecto europeo suele explicarse en términos institucionales (tratados, comunidades económicas, organismos supranacionales, etc.) o diplomáticos (reconciliación, cooperación). Pero la cuestión era menos romántica: se trataba de la construcción deliberada de un sistema en el que una nueva guerra fuese estructuralmente difícil de iniciar.

En su Declaración del 9 de mayo de 1950, Robert Schuman proponía poner bajo un paraguas común las industrias del carbón y el acero de Francia y Alemania. La medida, a priori de corte técnico y económico, tenía una clara intencionalidad estratégica: ambos recursos eran la base material de la industria militar. Controlarlos conjuntamente significaba intervenir la raíz misma de la capacidad bélica.

De ahí nace la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), el primer paso institucional hacia el actual bloque. La CECA no sólo coordinaba mercados, sino que alteraba la relación entre Estados. Por primera vez, sectores clave de la soberanía económica quedaban bajo supervisión supranacional. No se trataba simplemente de cooperación, sino de una forma de interdependencia obligatoria.

Esta lógica puede entenderse como una forma de auto-coerción institucional: los Estados aceptaban voluntariamente restringir su margen de acción futura para evitar que, en momentos de tensión, pudieran escalar conflictos de forma unilateral. No se trataba sólo de escepticismo sobre la virtud política, sino de desconfianza estructural en la estabilidad del comportamiento político a largo plazo.

El trasfondo histórico ayuda a entender esta arquitectura. Europa llegaba a 1945 después de dos guerras mundiales devastadoras. Entre ambas, el intento fallido de cooperación internacional a través de la Sociedad de Naciones había demostrado los límites de un sistema basado exclusivamente en la buena voluntad soberana.

El diagnóstico implícito de los fundadores del proyecto europeo era sobrio: los Estados no solo actúan según principios, sino también según incentivos, crisis internas, cambios políticos y presiones estratégicas. Por tanto, la paz no podía depender únicamente de declaraciones diplomáticas o equilibrios temporales de poder.

Era necesario construir instituciones que modificaran las condiciones mismas bajo las cuales la guerra podía ser concebida como opción viable. En otras palabras, para que incluso si una nueva guerra pareciese políticamente necesaria o ideológicamente justificable, iniciarla fuese material y logísticamente imposible.

De esta manera, el proyecto europeo desplazaba el foco desde la contención externa del conflicto hacia su prevención interna mediante interdependencia. El riesgo de guerra no desaparecía por convicción moral, sino por diseño estructural. Con el tiempo, lo que empezó como un acuerdo sectorial evolucionó hacia un entramado complejo de derecho supranacional, instituciones comunes y mecanismos de decisión compartida, dándole forma a la actual Unión Europea.

 

Nota publicada en Mayo 2026 directamente en mi perfil de LinkedIn (click aquí para ver).

Por Lic. Gino Baldissare

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